Ministerio de Evangelismo y Misiones

Heraldos de la Palabra

Ps. Fernando Alexis Jiménez

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"Pídeme, y te daré por herencia las naciones,
y como posesión tuya los confines de la tierra"

Salmos 2:8

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Oración y Milagros # 060609

Dios nos perdona y sana con poder

El médico la saludó con un gesto, entre respetuoso y riguroso. La amalgama que caracteriza a quien no encuentra ni las palabras ni el momento oportuno para decir algo. Rosaura, con solo ver el semblante del galeno, intuyó que se trataba de algo grave:

--Su esposo tiene leucemia. ¿Qué decirle? Que lo siento. Es incurable. El nivel de sus plaquetas llegó al punto más bajo... Seguirá en observación...--y después de medir cuidadosamente sus últimas palabras, dio media vuelta

La mujer rompió a llorar. Elsy, su madre, la abrazó. Lloraron las dos. Muchas personas pasaban a su lado, en el interminable pasillo de la clínica, entre extrañados, curiosos y solidarios. La tarde dejó de ser más oscura que de costumbre. La ciudad amenazaba con desplomar un tremendo aguacero, pero no tan devastador como el que estaban viviendo.

--No dejes de clamar a Dios—les recomendó la líder de oración de la iglesia. Palabras sabias en momentos en los que todo parecía derrumbarse. Y, con el firme convencimiento de que para el Creador del cielo y de la tierra, nada absolutamente era imposible, redoblaron su clamor.

"Muchas veces me acostaba muy tarde en la madrugada y aún no había despuntado el alba, y yo ya estaba clamando. Armando estaba muy agotado y a duras penas me sonreía con comprensión, desde su cama, cuando me veía orar", relataría tiempo después Rosaura.

La pequeña habitación de apartamento se convirtió en su oratorio. Entró una silla que ubicó junto a la cama donde reposaba su esposo, y dobladas las rodillas, oraba. Unas veces con confianza, otras con desesperación y muchas, sabiendo que algo especial ocurriría.

--Su esposo está experimentando una leve mejoría—le dijo cierta tarde de martes el especialista--, pero por favor, no se ilusione--.

Su convicción de que ocurriría un milagro jamás declinó. Y Dios respondió con poder. La sanidad se produjo sobre Armando. El oncólogo mismo no podía dar crédito a los nuevos resultados. ¡El milagro ocurrió!

Perdón y victoria

Uno de los más grandes milagros que Dios hace en nuestra vida, es perdonar nuestros pecados. Gracias a la obra del Señor Jesucristo, nos brinda una nueva oportunidad. Por la obra de Jesús en la cruz, se abre frente a nosotros un capítulo sin escribir, que nos lleva a comenzar de nuevo.

Saber que somos perdonados, debe llevarnos a expresar lo mismo que el autor sagrado cuando escribió: "¡Con todas las fuerzas de mi ser alabaré a mi Dios! ¡Con todas las fuerzas de mi serlo alabaré y recordaré todas sus bondades! Mi Dios me perdonó todo el mal que he hecho..." (Salmo 103:1-3 a. Versión en Lenguaje Sencillo, SBU)

Si usted tiene a Jesucristo en su corazón, créalo: los milagros están disponibles para usted. ¿Por qué le digo esto? Porque muchas personas pretenden recibir milagros de Dios a pesar de que se mueven en el pecado, deliberadamente e incluso, solazándose en su comportamiento.

¡Pídale a Dios la sanidad!

La Biblia nos enseña que Dios, además de perdonarnos, es el proveedor de nuestra sanidad física: "...me devolvió la salud, me libró de la muerte,¡me llenó de amor y de ternura! Mi Dios me da siempre todo lo mejor; ¡me hace fuerte como las águilas!" (Salmo 103:3 b- Versión en Lenguaje Sencillo, SBU)

Los milagros están a su alcance. Recuerde que Dios no solo puede sino que quiere obrar maravillas y prodigios en su existencia. Pero es necesario, por lo menos, que haga tres cosas: la primera, volver su mirada a Dios; la segunda, orar a Él, y la tercera, perseverar. Tenga la certeza que nuestro amado Hacedor atenderá sus oraciones.

Si profesamos ser cristianos, naturalmente creemos en los milagros. Es algo íntimamente ligado a nuestras convicciones. No desmaye. Siga firme en sus oraciones. ¡Los milagros ocurrirán!

Decídase hoy por la victoria

El más grande paso a la victoria es volver nuestra mirada a Dios y depositar toda nuestra confianza en Él. Es un paso a la victoria. ¿Está preparado? Pues de ese paso. Reciba a Jesucristo en su corazón. Es muy sencillo. Dígale allí donde se encuentra, ahora mismo: "Señor Jesucristo, reconozco que he pecado y producto de mis malas acciones, enfrento situaciones que traen angustia a mi corazón. Gracias por perdonar todos mis pecados en la cruz y abrirme las puertas para comenzar una nueva vida. Entra en mi corazón y haz de mí la persona que tú quieres que yo sea. Amén"

¡Felicitaciones! Es la oración más poderosa que usted haya pronunciado. Puedo asegurarle que su vida será desde hoy diferente. Ahora tengo para usted tres sugerencias: La primera, haga de la oración un principio de vida. Orar es hablar con Dios. Él nos fortalece y lleva al éxito. La segunda, lea la Biblia. Es un libro maravilloso en el que encontrará principios dinámicos que le llevarán a la realización personal y espiritual, y la tercera, comience a congregarse en una iglesia cristiana. Puedo asegurarle que su vida será diferente. Ahora, si tiene alguna inquietud, por favor, no dude en escribirme.

© Fernando Alexis Jiménez – Contacto: (0057) 317-4913705

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